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Mostrando entradas de julio, 2010

En un segundo, la vida se acaba

Llegamos justo cinco minutos antes de que la misa iniciara esa tarde de junio. Hacía calor, pero no importaba, ahí estábamos de nuevo, dispuestas a acompañar. Lo que me preocupaba era poder cantar. Estaba demasiado impactada y sabía que no podría contener las lágrimas. Avanzamos cruzando el parque que está frente a la iglesia. Las calles estaban repletas de autos y fue difícil encontrar estacionamiento. Caminamos de prisa, la carroza negra ya estaba lista para bajar el cajón. Cruzamos la puerta del cerco de la iglesia y sólo veía gente con el semblante totalmente triste. No había llanto, no había gritos. Silencio fúnebre, total. Un silencio que hablaba por todos, que hablaba del dolor de la familia y los amigos. No había expresión de reclamo. No reconocí rostros, pues fueron segundos los que pasaron mientras entramos al templo. Sólo alcancé a ver cuando un joven con collarín abrazó a otro muchacho. Y apretando los ojos soltó un sollozo.

Entramos al templo. Guardando silencio, esperamo…