A casi un mes



Hace dos semanas, hicimos un recorrido en los ejidos afectados por el terremoto del pasado 04 de abril. Ya casi un mes de aquel espantoso día. He recibido muchas fotos en mi correo de los vestigios que dejó el sismo, he visto videos en el youtube que los aficionados subieron en cuanto hubo señal después del desastre. He leído crónicas que impactan por los relatos de la gente más afectada, que perdió su vivienda, pertenencias, tierras y lo más triste: familiares.He escuchado a muchas personas contar cómo vivieron el temblor. Pero nada de lo anterior se compara con el hecho de observar de cerca la situación que están viviendo quienes perdieron su casa. No bastaba con saber porque lo había escuchado, sino con ver, estar ahí... y ayudar aunque sea un poco. Llegamos y los niños corrieron al pick up con despensas y uno de ellos, con esa voz tierna e inocente que sólo la infancia transmite, dijo emocionado: zapetas para mi hermanito! zapetas para mi hermanito! Mientras otra niña de ojos que conmueven preguntó si traíamos ropa. De inmediato empecé a bajarla. -Yo le ayudo!- me dijo. Y rápido colaboró conmigo en acomodarla sobre una cobija. Las personas que ahí se establecieron y a quienes llevamos ayuda, son residentes del ejido Cucapá Mestizo. Los señores fueron los únicos adultos que se acercaron a recibir las despensas. Se formaron sin que se les diera indicación alguna, quizá porque alguien que les haya ayudado con anterioridad sí lo hizo. -¿Cómo pasaron la noche de ayer, que hizo tanto viento?- pregunté. -Casi no dormimos, era demasiado frío y mucho ruido. De por sí, ya con cualquier ruidito en la noche nos asustamos porque pensamos que viene otro temblorr fuerte, ahora con el viento imagínense.

Los cuatro señores son agricultores. Todos perdieron sus cosechas y ahora están sin trabajo. Están en espera de que el gobierno los reubique o al menos les ayude a reparar sus casas.


"Pero quién sabe cuánto tiempo más nos tengan esperando", dijo cabizbajo el señor de chamarra a cuadros. Quien también agregó: al menos aquí hemos recibido ayuda de mucha gente, de grupos de iglesias, del canal 66, de gente que pasa por la calle y se detienen a preguntarnos qué necesitamos. Muchos nos traen agua. Gracias a Dios todavía hay gente buena como ustedes, que ayudan al hermano. En situaciones como éstas es cuando más debemos estar unidos.
Todos lucen un rostro melancólico, pero en las palabras transmiten todavía esperanza por seguir luchando.
Cocina improvisada por los residentes del Ejido Cucapáh Mestizo

El baño

Tomamos carretera de regreso. Y estuvimos callados durante aprox. cinco minutos. Sólo me resta decir que fue impactante ver la manera en que están acampando (mejor dicho, sobreviviendo) esas personas en lotes baldíos.


Confieso que desconozco si siguen permaneciendo ahí esas personas, pero quise publicarlo aunque ya pasó tiempo. Lo que sí, es que a un mes del terremoto aún falta mucha ayuda. Desgraciadamente el proceso de reparación de todos los daños materiales ocurridos será lento. Pérdida de casas, terrenos, cosechas, edificios evaluados por protección civil como inhabitables, carreteras y canales agrietados, ejidos inundados; pérdida de 2 vidas y cientos de heridos... fue el saldo de éste desastre natural.

Pero más allá de los daños físicos y materiales, están los psicológicos. Esos daños quizás no tan visibles pero sí latentes, ¿cuánto tiempo tardarán en repararse? O mejor dicho, ¿podrán repararse? ¿el gobierno se ocupara de eso?

Pudo haber sido peor, dicen algunos. Y lo creo, porque si hubiera ocurrido en día laboral, Mexicali hubiera terminado en una situación más trágica.

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