Cada día es una lucha. En todos los sentidos. Un combate contra mis pensamientos negativos que intoxican mi alma, contra la depresión asesina que me ataca desde hace tiempo, no sé cuánto... sé que ha estado presente en mi desde hace mucho.
En momentos me siento motivada, tranquila. Hoy por ejemplo, tuve la oportunidad de ver una película romántica. Obviamente me perdí algunas partes porque mi hijo es un torbellino y por lo general no me deja concentrarme en algo al menos que lo tenga hipnotizado con la tableta. El punto es que por un rato dejé de pensar en mi vida, para distraerme con historias ajenas, ficticias, de amor. Pero el gusto me dura poco. También quise escuchar desde temprano unas canciones hermosas que son para disfrutarse tranquilamente.. pero no pude. Ahí si tuve demasiada interrupción.
Oh Dios, no es que mi hijo sea un estorbo, no lo es. Sólo que siento ahogarme en mis sentimientos... necesito despejar mi mente de algún modo. Para rematar sé que le está afectando al niño esta separación. Demasiado llanto, demasiado grito, demasiado berrinche... demasiadas jaquecas para mi... y no encuentro calma. No encuentro el modo de que se comporte, de que comprenda las cosas y no llore tanto. Es agotador. Es agotador cuando no estoy bien emocionalmente; siento que me parto en mil pedazos cuando tengo que controlar esas situaciones. Se me va el oxígeno, se me va la paciencia... se me va todo y me queda únicamente la frustración.
Envidio el rol del hombre... que su cerebro esté diseñado de una forma tan distinta, que los hace ser tan prácticos. Él luchará igual que yo día a día, tratando de encontrar miles de respuestas, de pedirle a Dios que aclare la mente y el alma? eso nunca lo sabré. Y no debería de importarme. Es inevitable preguntarme, la estará pasando igual de mal que yo? pensará que para mi es fácil? tendrá su paño de lágrimas? o será que no lo necesita pues está mejor y feliz? realmente necesito ayuda profesional. Debería concentrarme en mi persona y dejar de pensar lo que él puede pensar o no.
Hoy hablamos y no muestra el mínimo interés en nuestra relación. No creo que sea prudente pedirle que lo platiquemos... va a doler más que me diga en ese modo peculiar que tiene de hablarme, que no quiere hablar más del asunto.
Ya no es sano lamentarme, ni culparme, ni reprocharme. Ya agotamos todo supongo. Creo que voy a llorar de nuevo esta noche... y como otras tantas, me vencerá el sueño mi llanto, tal como a mi niño. Me estaré volviendo loca?

Comentarios

José Lozano Bárcenas ha dicho que…
En tus mismas palabras están las respuestas. Busca ayuda profesional amiga y sobre todo apoyate en tu familia o amigos que alguien te ayude a cuidar a tu hijo por un par de horas.

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